Sigifredo Escobar Gómez

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Cuatro temporadas de improvisación

Crítica a la última temporada de Stranger Things (2025) por Sigifredo Escobar Gómez

Recuerdo esa noche de 2016 cuando, en vacaciones de la universidad, pensé en darle una oportunidad a la serie de la que todo el mundo estaba hablando. Abrí Netflix y pensé: “veré solo un capítulo a ver si está buena”. Y vaya que estaba buena. Me dio la madrugada frente a la pantalla y al terminar, ya era fan. Leí blogs, vi videos y entrevistas. La historia era autoconclusiva, aunque abría la puerta a un universo fascinante. Cuando anunciaron la segunda entrega, pensé en cómo iban a hacer, si la primera ya había culminado el conflicto. Lo que pasó era lo esperado: una continuación que no estuvo a la altura de la inicial y desde allí se perfiló lo que sería el resto de la serie. Una obra marcada por un muy buen inicio, pero llena de improvisación.

El problema es que solo se había pensado en una primera y única temporada. Las demás se han creado sobre la marcha, demostrando la falta de planeación que se hace evidente en cada nueva entrega. Se han dejado agujeros que nunca se trabajaron ni se explicaron, porque en ese camino a la improvisación, posiblemente ni los notaron. Para la quinta temporada reeditaron escenas de las anteriores buscando dar sentido a eventos que veríamos en esta última etapa, demostrando una vez más que la historia no estaba premeditada, sino que en cada temporada miraban a ver cómo solucionaban.

El personaje de Eleven, que en un principio nos enamoró, tiene un gran problema y es que no evoluciona a lo largo de la historia. Al inicio nos la aguantamos, porque era una niña y estaba aprendiendo. Pero en la última entrega se vuelve insoportable, y es por esto que no duele su muerte, o bueno, su aparente muerte, porque los hermanos Duffer han procurado un final abierto para este papel. Sin embargo, ese final abierto es una muestra de su miedo a arriesgar. Tuvieron miedo de acabar con el personaje o con algún otro, una constante durante el transcurso de la serie. Temporada tras temporada introducían personajes secundarios que se ganaban el cariño de la audiencia para luego matarlos y evitar así tocar algún protagonista.

Vecna

A diferencia de Eleven, tenemos a Will, quien sí ha transitado un camino y se ha transformado. Para muchos, su salida del closet no fue tan relevante, pero para mí da cuenta de su profundidad. Es un personaje que trascendió el miedo. Miedo que para cada persona tiene una cara diferente. Para algunos son las alturas, para otros las cucarachas, hay quienes su miedo es enfrentarse a sí mismos. Para Will, era revelar una verdad que, en la década de los 80, en un pequeño pueblo de Estados Unidos, le habría significado el rechazo social, no muy diferente a como sería hoy. Ver a Will acabando con Demogorgones para salvar a sus amigos fue emocionante y pronto se convirtió en una de las escenas más rescatables de la temporada. En mi caso, esperaba esa emoción en la pelea final, pero la realidad fue otra.

El último episodio, tal vez el más esperado, es también la mayor decepción. Está dividido en dos partes. En la primera, la batalla final contra Vecna, y la segunda… Hablaremos de eso más adelante. Cuando murió Vecna al final de la primera mitad del capítulo, me acordé del libro El Hobbit de Tolkien. En él, durante toda la primera mitad, nos hablan de enfrentar a un Dragón, a Smaug. Cuando llegamos a la mitad del libro y este muere, aparece la pregunta: “si el objetivo era acabar con el dragón y ya está hecho, ¿qué hay en la otra mitad del libro?”. El resultado fue una muy buena historia, más intrigante, compleja y emocionante que la promesa del principio. Al final del libro, los lectores salimos ganando. Eso pensé cuando muere Vecna; lo que sigue debe ser algo que no nos imaginábamos. Y sí lo fue, pero en el mal sentido.

Eleven vs Demogorgon

La narrativa clásica nos propone una estructura de tres actos. El primero es la presentación de los personajes, universo y conflicto. El segundo es el viaje que deben emprender esos personajes para solucionar ese conflicto. Este segundo acto es el más largo, porque es donde está toda la acción. Al final de éste, el conflicto se resuelve y entramos en el tercer acto, el cual es el más corto, es prácticamente la despedida y dura unos pocos minutos. En el último episodio de Stranger Things, el tercer acto dura la mitad del mismo, y es por eso que se hace tremendamente aburrido. Vemos a los personajes sin conflictos hablando, y hablando, y hablando, y hablando. En una producción que nos prometió criaturas de otros universos, acción, aventura y poderes mentales; esos largos diálogos resultan innecesarios.

La batalla contra Vecna la disfruté, pero para ser honesto, fue menos emocionante que la batalla contra el Demogorgón en la primera temporada. Los Demogorgones al parecer tenían el día libre. Vecna resultó no ser tan poderoso. Will, con sus poderes, solo logró romperle un brazo al jefe final, un acto que palidece en comparación con la escena memorable en la que destrozó su pierna. Quedan preguntas sin resolver como ¿Qué pasó luego de que capturaron a los personajes principales? ¿Solo los dejaron libres? Si revisamos la cantidad de crímenes cometidos por estos, su próxima aventura iba a ser cómo sobrevivir a la cárcel.

Will The Sorcerer

Stranger Things fue una historia con una sólida primera temporada y cuatro con buenos momentos. Marcada por la improvisación y la falta de cohesión narrativa, lo que se hizo evidente en un final que, si bien tuvo momentos rescatables como el arco de Will, resultó ser una decepción con una batalla final anticlimática y un epílogo innecesariamente extendido. Cerró su ciclo, dejando más dudas que certezas, y confirmando que el miedo a arriesgarse impidió que alcanzara el potencial que prometía desde 2016.

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